El exfutbolista Rubén “Chapa” Suñé, gloria de Boca Juniors y autor del mítico gol de la final del Nacional 76 contra River Plate, murió este jueves a los 72 años. Lo confirmó el secretario general del club de la Ribera, Christian Gribaudo.

 “Mucha tristeza por la muerte del querido Chapa Suñé.Siempre estará en nuestra memoria y en una de las páginas más gloriosas de la historia de Boca. Mis condolencias a su familia”, escribió Gribaudo en su cuenta de Twitter.

Además, la cuenta oficial de Boca Juniors también lo despidió en las redes sociales.

La historia del ídolo

Rubén José Suñé se metió definitivamente en el corazón de toda la hinchada de Boca en aquella noche del 22 de diciembre del 76. El gol de un sorprendente tiro libre -del que no quedan registros fílmicos- le dio a Boca el 1-0 sobre River en la final del Campeonato Nacional. Era, hasta tiempos recientes con la Libertadores, la única vez que el Superclásico resolvía un título tan trascendente en una final entre los dos grandes. Ni Suñé, ni los protagonistas, ni las decenas de miles de espectadores (¿50 mil, según cifras oficiales, 70 mil según otras versiones?) en aquella jornada en cancha de Racing, lo olvidarían jamás. Boca, con Suñé como dueño del mediocampo, había ganado el Metropolitano ese mismo año, cuando Lorenzo tomó la conducción técnica. Y el Nacional completó el doblete, el mismo que River había logrado un año antes…

Suñé nació el 7 de marzo de 1947 en Buenos Aires, debutó con 20 años y poco después se afirmó en la titularidad, además de alcanzar la cinta de capitán por su personalidad ganadora. “El Tano Roma salió lesionado y Ovide me tiró la cinta. Después, me eligieron mis compañeros”, contó. Un caudillo, de la estirpe de los que siempre requería y tenía Boca. Por tradición. Suñé tuvo la oportunidad de jugar junto a su ídolo de la infancia, otro caudillo, el “Rata” Antonio Ubaldo Rattin, a quien veía cuando su padre y su tío lo llevaban a la Bombonera. “De entrada, no podía creer que estaba en el plantel junto a Rattin.”, describió alguna vez.

El vínculo con el club le venía de chico, cuando jugaba en los potreros que existían junto al Hospital Argerich. Fue campeón con el inolvidable equipo de Di Stéfano hace exactamente medio siglo, dando la vuelta después del 2-2 contra River en el Monumental, en la tarde de los dos goles de Madurga. Fue, acaso, el Boca más lujoso de todos los tiempos y seguramente el mejor hasta el ciclo Bianchi. Sánchez custodiaba el arco y la defensa combinaba la garra, firmeza y potencia de Suñé y Rogel, con la elegancia y la ductilidad del peruano Meléndez y de Silvio Marzolini, este sobre el lateral izquierdo. Ganaron aquel Nacional y, un año después, con cambios y con Silvero como DT, se retuvo el título en otra noche inolvidable: 2-1 sobre Central, en tiempo suplementario.

Boca buscaría la Copa Libertadores a los pocos meses, pero la ilusión se terminó pronto, un 17 de marzo de 1971 en la Bombonera. Acaso, una de las jornadas más negras en la historia de la competencia continental: una batalla campal entre los jugadores de Boca y Sporting Cristal (Perú), donde Suñé recibió –duro- y pegó, en primera línea. Hubo 19 expulsados y ambos planteles terminaron en la comisaría 24. A Suñé le costó un año y medio de suspensión en partidos internacionales, aunque luego le levantaron la sanción. Su primer ciclo en Boca se aprestaba al final. Cuando llegó Rogelio Domínguez a la conducción técnica, le avisaron de su salida, lo mismo que a otro histórico como Marzolini. “Nos colgaron porque, como capitán y subcampeón, íbamos a las reuniones con Armando y discutíamos los premios”, señaló. Armando, por su lado, prometió que “mientras yo sea presidente, no volverán a jugar en Boca”. El tiempo marcaría un arrepentimiento.

Suñé pasó brevemente por Huracán, pero terminó en Unión y allí el “Toto” Lorenzo lo reconvirtió como futbolista, le vio visión de campo, además de personalidad, y lo colocó como un centrocampista clásico. Cuando Lorenzo fue convocado por Boca para terminar con la supremacía del River del 75, se llevó a varios de sus puntales de Unión: Gatti en el arco, Mastrángelo delante. Y Suñé. Los resultados no demoraron: el título metropolitano y del 76 que marcó su momento cumbre con el gol a Fillol.

“Estaba a diez metros del área, sobre la izquierda. Le pegué un empujón a Mouzo y pateé mientras el Pato acomodaba la barrera y los jugadores lo miraban. Antes del partido, el árbito Ithurralde nos había dicho a Perfumo y a mí que se podía patear sin pedir barrear. Tuve la suerte de hacer el gol y terminé arrodillado frente a la hinchada. Eso me cambió la vida. Me marcó”, recordaría.

El Boca de Lorenzo casi no tenía ningún punto en común con aquel equipo ofensivo y dúctil de Di Stéfano. Era igualmente duro, pero celosamente defensivo. Suñé gobernaba el mediocampo, complementado por el despliegue del “Chino” Benítez y la reciedumbre de Ribolzi. Adelante: Mastrángelo, Veglio, Felman. Con esa base, Boca se proyectó hacia su primer título en la Copa Libertadores (1977, en desempate por penales con Cruzeiro en el Centenario y con Gatti como héroe). Y de allí, a la Copa Intercontinental, lograda ante el Borussia alemán, 2-2 en la Bombonera y sorprendente 3-0 de visitantes, en el invierno del 78. Ese mismo año Boca retuvo la competencia americana ante el Deportivo Cali, de Bilardo, al que goleó 4-0 en la Bombonera. Poco después, llegaría el final de ese mismo ciclo. Y también para Suñé, su marcha definitiva del plantel a comienzos de los 80.

En total, acumuló 8 títulos, marcó 36 goles en 376 partidos en primera división, pero pasó momentos duros, como otra salida de Boca en 1980 o el descenso con San Lorenzo en 1981. La mayor tragedia fue aquella del 84. “Dios me salvó, fue muy milagro”, dijo después de tres meses en el hospital y casi otro año en recuperación psiquiátrica. Un 22 de septiembre de 1985, volvió a aparecer en la Bombonera. Su cancha, su gente, hizo retumbarla con el “Suñé, Suñé, Suñé…”. Estuvo en distintas tareas técnicas y hace tres años, al cumplirse 40 del “tiro libre de todos los tiempos”, Boca le ofrendó otro cálido homenaje: se inauguró su estatua en el Museo de la Pasión Boquense. “Ustedes, los hinchas, me dieron mucho más que todo lo que les di yo”, expresó un conmovido Suñé. Lo acompañaban varios de los héroes de aquellas gestas de los 60 y 70 como Madurga, Rogel, Marzolini.

“Suñé no hizo el gol más lindo de los mundiales ni de las libertadores, tampoco uno con la mano ni uno de cabeza desde media cancha, pero puede contarles a todos, sin falsa modestia, que uno de los goles más importante de la historia es suyo. Aunque no lo veamos, está en la memoria del fútbol argentino” escribió Marcelo Guerrero en Clarín. Han quedado fotografías, no así imágenes fílmicas, dando lugar a distintas teorías, inclusive conspirativas: ¿fueron borradas por orden militar –de un hincha de River- en plena dictadura? ¿o desaparecieron en un incendio en la anterior TV pública?

Rubén José Suñé, aquel fiero marcador de punta, aquel patrón de media cancha, aquel caudillo de la estirpe boquense, aquel que figura entre los diez jugadores con más presencias en el club, se llevaría por siempre tanta pasión de sus hinchas. Aquellas ovaciones que le acompañan hasta ahora, en azul y oro, con el último adiós.

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